sábado, 21 de julio de 2007

Mugrerío


Signos de tiempos de putrefacción


*por José Guillermo Godoy

"Señor Presidente: Me dirijo a usted con el objeto de presentarle mi renuncia indeclinable al cargo que ocupo como Ministra de Economía y Producción. La difusión de actos concernientes a mi vida privada vinculándolos con mi actividad pública, ha generado un daño inmerecido a mi honorabilidad que indudablemente afecta a nuestro gobierno. Deseo ya mismo, frente a las autoridades judiciales, quedar en un plano de igualdad como cualquier otro ciudadano, para esclarecer los hechos, de manera total y definitiva en el menor tiempo posible. Sin otro particular, saludo a usted atentamente". Con sincero afecto,
Escrito presentado por Miceli al Jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

Fue la consecuencia tardía del pedido de declaración indagatoria presentada por el fiscal federal Guillermo Marijuán. A todo esto el mundo se hizo eco de la noticia. El británico
Financial Times titulaba, “Ministra argentina renuncia por el toiletgate” y califica la dimisión de "vergüenza política" para el presidente. Un diario de México se refiere al caso como "el escándalo del bañogate”. El New York Times y el Washington Post también lo incluyen en sus ediciones. "Dimite la ministra argentina que guardaba millones en el baño", consignó el español El País en su sitio Web. Un perfil titulado "La soldado disciplinada" aparece en El Mundo.
¡Vaya papelón! El deterioro al que nos conduzco el gobierno kirchneristas estos últimos años no apalea muchos precedentes. Basta analizar la calidad de su ministerio para entender el menoscabo argentino. Miceli y Picolotti, y los restantes funcionarios, son el reflejo de las causas del por que Argentina, nación próspera a principios del siglo XX, ubicada dentro de las primeras ocho potencias y con una renta per capita que superaba a la de Francia, se haya convertido actualmente en una nación periférica cuya renta per cápita se encuentra en los 3.500 dólares (que es comparable a la de Perú), mientras que la de Francia (quinta economía mundial) es de 30.693 dólares.
Pero las conciencias colectivas siguen alienadas a la superestructura del poder imperante. Según creen, Kirchner los sacó de las crisis más cruenta, gracias a él crecemos al 9%, él nos defiende antes los mercenarios especuladores que aumentan los precios. En fin es el caudillo que nuestra indiosincracia reclama.
La miopía del argentino medio es espeluznante. La superestructura kircherista liderada por el operador de prensa Alberto Fernández, ha logrado instalar, a través de muchos dólares y publicidad oficial, la errónea idea que sostiene con delirante convicción de que los cetrinos logros argentinos de este último tiempo se deben al accionar de la pareja reinante. Vaya burrada. En el año 2005, de los 220 países que hay en el mundo, crecieron 200. Haití progresó al 3%, mientras que África Subsahariana creció 5%. ¿No advertimos que estamos en el tramo creciente del ciclo económico mundial? ¿Alguien se dio cuenta que estamos desperdiciando una oportunidad única, y es con estos criterios con los que se debe juzgar al gobierno?
Aclaro: Argentina no crece gracias al régimen, sino a pesar de él.

Pero en fin, Miceli sigue sin devolver la bolsa y su magro currículum se compensa con su opulento prontuario. Como dijera José Luís Espert apenas asumió la ex ministra…”ojalá no lo extrañemos a Lavagna”.
Recuerden este concepto: nepotismo. Es un término galán que proviene del italiano nepote que significa sobrino. En un contexto de corrupción del papado a mediados del siglo XV, a los hijo de los Papas se los denominaba, con algo de cinismo, sobrinos (nepotes) y es así como César Borgia era “nepote” del papa Alejandro VI. De este modo la palabra nepotismo sirve para designar al gobierno que se sustenta en relaciones de parentesco. ¿Y por que esta reminiscencia? Por el simple hecho de que este termino es el que caracteriza con mayor precisión al régimen imperante. Y la novela de Micheli en este gobierno no es más que un ejemplo que respalda mi proposición.
La cultura del esfuerzo y del “merito” y muy especialmente del “merito”, que hicieron grande a la patria han quedado en el olvido.
Ni bien asumió como Presidente del Banco Central, Miceli nombró como asesor del Directorio a su novio Pacha Velasco. Sin embargo, los Velasco-Miceli cuidaron el detalle y el nombramiento como asesor fue “ad honorem”, de manera tal que la Miceli no pudiera ser acusada de “nepotismo”. Ricardo Daniel Velasco, conocido como “Pacha”, pasó de ser un carpintero de barrio a ocupar el lugar de hombre fuerte del Banco de la Nación Argentina , ostentando una cómoda situación económica, sin otro “mérito” que las posibilidades que le abrieron su noviazgo con la ascendente Felisa Miceli.
Su primera movida al respecto fue lograr que Miceli nombrara como vicepresidente segundo del Banco Nación a Ricardo Lospinnato, un contador que hace gala del “mérito” de ser amigo de juventud de Velasco, y uno de sus hombres de mayor confianza. El periodista Guillermo Cherasny afirma que el “Pacha”, también hizo que Miceli le cediera a Lospinnato la presidencia de la estratégica Nación AFJP, la poderosa administradora de fondos de jubilaciones y pensiones perteneciente al Nación, y que simultáneamente nombrara a su gente en la administradora de Fondos Comunes de Inversión Carlos Pellegrini. En el directorio de la FCI Carlos Pellegrini Velasco colocó a uno de sus hombres, Marcelo Lapuente; un abogado sin ninguna experiencia en cuestiones financieras. Como era de esperar, el nombramiento de Velasco ocasionó un fuerte cortocircuito entre Felisa Miceli y los directores que respondían a Roberto Lavagna. En la reunión de directorio en la que se aprobó su designación -reunión de la que se ausentó Miceli- uno de ellos, Juan Gulluscio, preguntó cuál era el fundamento para que alguien que no tiene otro antecedente profesional/laboral más que haberse desempeñado como carpintero, fuera designado asesor del Directorio del Banco más importante de la República Argentina. Según cuentan, la pregunta de Gulluscio fue seguida de un silencio sepulcral que fue roto por Lospinnato, quien justificó el nombramiento de Velasco argumentando que se trataba de “la pareja de la Señora Presidente ” (SIC). Ante tamaño argumento Gulluscio pegó el portazo y renunció al directorio del Nación.
Fuente: BrokersData.com.
Por otro lado y también dentro del macrocosmos de la superestructura reinante, Picolotti parece tener una gestión que huele más feo que el Riachuelo. A primera hora, la denuncia inicial contra la ministra fue radicada por el abogado Ricardo Monner Sans y recayó en el juzgado federal de Ariel Lijo, mientras que la segunda es del político peronista Juan Ricardo Mussa y quedó radicada en el juzgado de María Servini de Cubría. Todo esto surge a raíz de una excelente investigación del diario el Clarín, en el que se develan asombrosos datos que pasare a resumir. Picolotti contrató a otros 350 empleados (llegando a 600 empleados, duplicando la planta) sin que su necesidad e idoneidad fuera debidamente justificada. Según informó Clarín a través de varios de estos "contratos de locación de obra" la secretaria paga "salarios" importantes a una serie de parientes y amigos. Algunos ejemplos: Susana Verónica Franco, su asesora personal, es la novia de su hermano, Juan Picolotti, quien a su vez es su jefe de gabinete. Franco fue contratado por 8.000 pesos mensuales, el doble del monto de los mejores contratos vigentes en la administración pública.
Estas erogaciones habrían generado para este año un déficit de casi 18 millones de pesos en la cuenta de gastos de personal, y otros problemas domésticos: tantos empleados hay que ni siquiera caben en la sede de San Martín 451 y en el otro edificio que la Secretaría tiene en la boca del río Matanza.
Para viajar al interior del país, la secretaria Picolotti suele contratar los servicios de jets privados provocando altos costos injustificadamente. Según el prestigioso diario una de las ollas más espesas se cocina en el llamado Programa Integral Cuenca Matanza-Riachuelo, al que, sin mediar justificaciones convincentes, en un principio le fueron destinados 136 millones de pesos, que gracias a las transferencias a otros destinos enseguida bajaron a 92 millones. El desagregado geográfico de la ejecución presupuestaria del Programa Riachuelo muestra otra perla: se destinaron 650.000 pesos a la provincia de Córdoba (terruño de Picolotti) y otros 206.000 a la provincia de Entre Ríos. Cuesta imaginar la relación de ambas provincias con el porteñísimo Riachuelo, ironiza el investigador Claudio Savoia.
Cobijada por un presupuesto que se quintuplicó, blindada por el sostén de su mentor, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández —que un día antes de su asunción logró que la Secretaría fuera trasladada desde el Ministerio de Salud a su órbita, Picolotti sin embargo no pudo hacer uso de el halo de pureza del que muchos militantes sociales suelen alardear, pues no tiene la solidaridad de sus colegas ambientalistas, que al revés de defenderla, la atacan en oportunidad tengan.
“La de Picolotti es una gestión nula. Todos los temas urgentes están pendientes: no solucionó ninguno", cuestionó Daniel Sabsay, abogado constitucionalista y director de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN). "Sólo se ha limitado a medidas cosméticas y mediáticas", agregó. “El Estado no tiene un solo diagnóstico propio sobre política ambiental", criticó el director de comunicación de Vida Silvestre, Claudio Bertonatti. “La del Riachuelo fue la única medida que se puso en marcha, y ya vimos cómo terminó: cuestionada por la propia Universidad de Buenos Aires”. “Hay algunas ideas, pero no se sabe cómo aplicarlas", opinó otro especialista y profesor universitario, Elio Brailovsky. (Notas del diario la Nación ).
Indigencia científica, cuanto de ordinario hay en este staff de lacayos. Lo más preocupante de todo es que los dos casos mentados no parecen ser la excepción, sino la regla. Nilda Garré, ex montonera militante, pero con los bolsillos “llenos de ideología” en su pasado menemista al ser agraciada titular del registro del Automotor porteño Nro 57, fue citada a declarar por un caso de contrabando de armas al extranjero. Guillermo Moreno, por su parte, esta siendo investigando a raíz del manejo del índice de precios al consumidor (IPC).
Nostalgias republicanas de principios de siglo me causan el recordar que Alvear se declaraba un simple ministro de 7 presidentes, en insigne elogio a sus colaboradores del gabinete. El ilustre Saavedra Lamas, extraordinario jurista y premio Nóbel de la paz, canciller argentino que nos llenara de orgullo y robusteciera el prestigio argentino, me pregunto que diría, si supiera de la existencia de un canciller como Jorge Taiana, propulsor de la anti- cumbre en Mar del Plata que consideró que los culpables de la visita de Bush a Argentina fueron: el dueño del maxikiosco, la sucursal del Banco de Galicia y la de alfajores Habana, destruidas por grupos de izquierda, en una revuelta “espontáneamente armada”, constituyendo una burla a la comunidad civilizada de Naciones.
Pero para que ahondar más. El extraordinario deterioro argentino es claramente ilustrado por el simple hecho que el mismo ministerio en donde desplegaron sus funciones y altos honores personajes de la talla de Sarmiento, Vélez Sarsfield y Roca, hoy sea afanado por Aníbal Fernández.

*Por José Guillermo Godoy
Miembro de la Juventud Recrear Tucumán

jueves, 12 de julio de 2007

¿Técnicos o políticos? (una disyuntiva anacrónica)

Por Agustín Viejobueno*

El divorcio aparente que existe entre el contenido de los términos “técnico” y “político”, aceptado como tajante y definitivo por un sector de la opinión pública que parece mayoritario – y no como mera descripción de la realidad, sino como condición obligada para el correcto desarrollo de la vida institucional (en sentido amplio) de una comunidad política –, llama la atención y merece una especial observación. Según se acepta comúnmente, la tarea que compete al “técnico” es radicalmente distinta de la que debe llevar a cabo el “político”, y supuestamente está muy bien que sea así, para evitar caer en “tecnocracias” sin ningún tipo de sensibilidad. Este fenómeno de opinión tal vez encuentre su raíz en dos probables causas; una, que corresponde a lo político, y otra propia de quienes deben elegir.
Si efectuamos un breve repaso de los grandes hombres que hicieron política en nuestro país durante el siglo XIX, nos encontramos con espíritus forjados estrictamente en la rigidez propia de la época, gracias a lo cual se encontraban versados en materias propias de la actividad que los apasionaba: política, derecho, economía, sociología. Moreno, Belgrano, Sarmiento, Mitre; hasta Roca, un militar pragmático, fue caracterizado por Félix Luna – en la inmensa biografía que le dedicara – como un asiduo lector de temas históricos y políticos. Pero, claro, está, los tiempos fueron cambiando, y la política también, al mismo tiempo que la sociedad mutaba su propia idiosincrasia. Y dos hechos cambiaron para siempre la política en el siglo XX: primero, el golpe de 1930 – con el cual se instalaron en el imaginario colectivo dos mensajes: primero, que la Constitución era un mero papel que podía ser violentado por cualquier grupo que no esté de acuerdo con el sector gobernante; segundo (y peor), que el Ejército era el depositario de la soberanía y del civismo, de la honradez y del juicio sobre la probidad o no de los gobiernos –; segundo, el acceso al poder del populismo-estatista-clientelar a mediados de la década del ’40. Estos dos hechos vaciaron de contenido a la política y la redujeron a su faz agonal (como define Maurice Duverger al aspecto referido a la lucha por el poder). El reemplazo de los programas de gobierno de largo plazo, plenos de signficado, por acciones oportunistas que fueran sumando votos y poder político, generaron que poco a poco los técnicos perdieran protagonismo como actores centrales de la política. A partir de la segunda mitad del siglo XX, un buen político ya no era un hombre versado en cuestiones públicas: era el hábil pragmático que podía generar poder y conservarlo, articulando de manera eficaz la contención de sectores disímiles y que interactuaban constantemente: los sindicatos, el Ejército, la Iglesia, etc.
Pero, tal como mencionamos recientemente, la sociedad fue mutando junto a la política (en lo que podríamos considerar un feedback de mutación asombroso) y los parámetros estimativos de la población se fueron alterando al mismo tiempo que otros paradigmas también se imponían; concretamente, la videopolítica, en la cual el efecto de una imagen pasó a despedazar el contenido de un mensaje que dejó de ser enunciado en el discurso y comenzó a tomar forma en el afiche, el pasacalle y el spot televisivo. Ya no importaba tanto la propuesta de un candidato; el homo videns, tal vez por preferencia propia, o por dejarse convertir en uno de los átomos despersonalizados de la masa que dejan arrastrarse junto a ella, optó por consumir figuras antes que contenido. La desinformación, las campañas negativas y el desinterés del ciudadano medio por las cuestiones públicas hicieron el resto.
Ni el exceso de ideología, ni la ortodoxa aplicación de habilidades y carisma para conservar poder, son las únicas alternativas que necesita nuestro país para enfrentar su paulatina decadencia. Hoy, cuando más se necesita de los “técnicos”, estos se encuentran escribiendo papers o dando conferencias; es por ello necesario resignificar el rol del político. La desvinculación que se ha producido ha desvirtuado el significado que debe asumir el técnico dentro del ámbito de lo político; y reasignar ese verdadero contenido es una cuenta pendiente dentro de la larga lista de espera que tiene nuestra sociedad en búsqueda de un avance hacia la ciudadanía real y hacia una madurez tolerable de conciencia cívica. No es excusa decir que no estamos preparados para ello, ni que hoy hacer política tiene otro significado. Si política y sociedad han mutado durante mucho tiempo hacia lo que tenemos, podemos sin duda hacer que vuelvan al punto de donde salieron. Sólo basta trabajo y voluntad para hacerlo.
El político del siglo XXI – así, político, sin comillas – no debe ser excluyentemente una figura carismática o el titiritero de una maraña de hilos de poder. El verdadero político, el completo hombre de Estado, debe también ser aquél que más versado se encuentre en cuestiones públicas, rodeado además de quienes sean los mejores junto con él. Llenar de contenido a figuras vacías es todo un desafío para los años que vienen, y un noble cometido de aquellos que pretendan hacer política para cambiar la realidad que vivimos. No es tarea fácil. Pero debemos entender que, siempre, sin excepciones, para llegar al final de una escalera debemos comenzar por subir el primer escalón.


* Licenciado en Ciencias Políticas – Vicepresidente de la Juventud Recrear Tucumán.

viernes, 29 de junio de 2007

La política de la mentira

por Agustín Viejobueno*


Las campañas mediáticas han resultado ser, en los últimos tiempos, eficaces instrumentos para cambiar la “mente social” que subyace tras el sutil velo que la separa de la opinión pública (cuya diferencia con la primera radica en su conciencia). El incesante bombardeo de información, distorsionada en la mayoría de los casos, y tendiente a confundir a los juicios individuales que uno a uno componen la opinión pública (y que luego pasarán a ser “mente social”) no da abasto, y siempre se desarrolla a través de figuras que gozan de la aceptación popular y de la estima de la gente. Actores, conductores de programas televisivos y radiales, cantantes, filósofos, historiadores pretendidamente “serios”, etc., integran un ejército de francotiradores que segundo a segundo disparan conceptos que pretenden direccionar las opiniones, las conductas y los patrones de estima de ciertos valores.
En este sentido, incluso expresiones ideológicas han sido demonizadas en tanto otras han adquirido una suerte de “manto de moralidad” que las hace potables ante el juicio de la “mente social” que los mismos formadores de opinión y de conciencia insuflan permanentemente. Así, ser “de derecha” es un pecado y ser “de izquierda” es políticamente correcto; ser “neoliberal” es un crimen y llevar en una remera el rostro del “Che” Guevara abre las puertas de la aceptación en numerosos círculos; manifestarse a favor del capitalismo genera la reacción de ser tildado de “salvaje” y decir que uno es “socialista” despierta aprobación por ser un sinónimo de “sensibilidad” para con el prójimo.
Es curioso que actualmente se identifique al liberalismo – al que se suele denominar, de manera peyorativa, “neoliberalismo” – con la derecha, cuando esta corriente de pensamiento nació, precisamente, como una reacción al poder absoluto de los reyes; y cuya mayor oposición surgió precisamente de los totalitarismos alemán e italiano (manifestados explícitamente como “antiliberales”), los cuales están situados en el extremo derecho del espectro ideológico. El liberalismo comparte posiciones tanto con la izquierda como con la derecha, y por eso sería tal vez más apropiado ubicarlo en el centro. La derecha es conservadora y el liberalismo es progresista; la derecha es nacionalista y el liberalismo defiende los beneficios de la globalización; la derecha es religiosa y el liberalismo es laico; la derecha protegerá a las empresas nacionales y el liberalismo abogará por la libertad de comercio que beneficie al consumidor; y las diferencias podrían seguir.
Por ello cuando se busca confundir diciendo “el candidato de la derecha” las “ideas de derecha” al aludir a hombres o proyectos que defienden la libertad, la división de los poderes, el Estado de derecho, etc., se comete un crimen cuya víctima es la conciencia individual, el juicio de las personas, pero fundamentalmente la verdad. Y la política (o mejor dicho, ciertos políticos) suele servirse de la mentira, la cual funciona como herramienta para fagocitar lo que realmente es, existe y se manifiesta de manera inequívoca.
Estas palabras no son para defender al liberalismo; son para intentar despertar una mirada crítica sobre los mentores de conceptos que son lanzados al aire y recogidos por aquellos a quienes más le sirven para que las sociedades no se desarrollen y los hombres sigan siendo presas de dádivas estatales y sistemas clientelares; y reproducidos como palabra santa y autorizada por el grueso de esa “mente social”, moldeada a paladar por aquellos gestores de la mentira. Incentivar la crítica, el juicio individual, la desconfianza ante lo que se escucha (incluso ante estas breves anotaciones que aquí exponemos) es un ejercicio que realza la dignidad del ser humano. Y eso es lo que nuestra sociedad necesita cada vez más: seres humanos, no meros receptáculos vacíos en los cuales cualquier mentiroso de turno deposite odio y resentimiento para edificar su propio ejército de inertes que usen una remera con el rostro de un hombre sin tener la más remota idea de cuánta gente habrá asesinado.


* Licenciado en Ciencias Políticas. Vicepresidente de la Juventud Recrear Tucumán.

jueves, 28 de junio de 2007

Sin federalismo fiscal serio... no hay solución

por Alberto Juárez Aráoz*


El articulo primero de nuestra constitución no es más que un párrafo de letra muerta. El sistema de gobierno actual es: “elegidos por clientelismo político, sin división de poderes, unitario casi totalitario”. La nación aporta más del 60% del presupuesto de las provincias. Por ejemplo: La Rioja depende del estado nacional en un 90%, Santa Cruz en un 85%, etc. Un santacruceño recibe por coparticipación cerca de $5.000 anuales per capita, un Tucumano cerca de $1.350 y un bonaerense menos de $900 pesos. No debería llamar la atención que la zona más desigual del país sea el conurbano bonaerense, encargado junto con la Capital Federal de financiar gratuitamente a provincias ineficientes. Las provincias del norte reciben muy poca coparticipación si lo comparamos con el sur del país y algunos feudos provinciales como el caso de San Luis que recibe algo más de $2.000. La puja redistributiva que existe entre las provincias es salvaje, a tal punto, que casi todos los gobernadores responden sin dudar a las peticiones presidenciales con tal de recibir más fondos coparticipables. Los ATN (Aportes del tesoro nacional) tampoco están exentos a los manejazos del superpoderoso gabinete ejecutivo. El resultado de lo anterior es un estado nacional millonario y un conjunto de provincias que son cada vez más pobres, dependientes y deficitarias. La irresponsabilidad fiscal y la fiesta populista es un vicio apañado desde la nación. La constitución de 1853 tenia claro que había que limitar los poderes y buscar la forma de que las provincias sean lo más independiente posible. El estilo K esta destruyendo los pilares de la república. El modelo de conflicto social permanente impulsado por la política K es el resultado nefasto de no respetar las instituciones básicas de la república. El estilo K financia actividades clientelares que aseguran la base de sustentación del poder K, se arma todo un show mediático de demagogia y populismo barato con consignas como las siguientes: Justicia social es más pensiones y jubilaciones, subsidios, viviendas, salud, escuelas, etc. El nivel de corrupción y eufemismo con que se maneja la política actual es escandaloso. El caso testigo de la irresponsabilidad K es el decreto que ordenó a las provincias aumentar la remuneración docente, en otras palabras, dejo como tarea a los gobernadores que arreglen con los gremios docentes un problema que K es incapaz de resolver. Cada provincia tiene su propia situación fiscal, no todas están en condiciones de otorgar el (merecido) aumento, y no es casualidad que dos provincias opositoras tuvieron serios incidentes (Neuquén y Salta). La billetera K estuvo del lado de los Alperovich y no de los Sobisch, como una manera de aleccionarlos para lo que viene: Elecciones 2007. El virus K está instalado en la sociedad Argentina, la puja redistributiva tiene su origen en la inconsistencia del modelo económico K. La próxima vez serán los médicos, panaderos, colectiveros, camioneros, taxistas, etc. Cada sector de la sociedad peleará por su pedazo de la torta y volverá el conflicto. La única solución pasa por un poder legislativo fuerte y una nueva ley de coparticipación que aspire a disminuir los focos clientelares en la distribución de los recursos. Se debería buscar la forma de que las provincias vivan de si mismas, y así, ser más responsables con sus gastos y su política impositiva. Con provincias independientes y con una ley de coparticipación justa, terminaremos (en gran medida) con este sistema presidencialista perverso de aprietes y manejazos conocido como la billetera K.

* Integrante de la Juventud Recrear Tucumán

lunes, 25 de junio de 2007

Tucumán también es PRO

SOMOS LA ALTERNATIVA. SOMOS PRO.


Los 20 puntos de diferencia de Mauricio y Gabriela sobre los kandidatos oficialistas demuestran, sin dudas, que la sociedad está optando por el CAMBIO. Así, con mayúsculas. Y lo que pasó en Tierra del Fuego tampoco es casualidad.
Nos diferenciamos de aquellos que solo prometieron, profanaron la Constitución, prostituyeron sus convicciones y se aprovecharon de la impunidad que les dio el poder absoluto.
PRO es alternativa, porque queremos
PROteger las instituciones,
PROpulsar la libertad de elegir,
PROyectar un país distinto, con oportunidades para todos,
PRObarle a la gente que se puede edificar sin agredir,
Porque tenemos un PROgrama, una PROpuesta, un PROyecto.
Por eso somos PRO.
Y por eso somos el futuro... y casi, casi... el presente.
¡¡¡SALUD, MAURICIO y GABRIELA!!! Y gracias por PRObar que el cambio es posible.
Nos llenan de esperanzas.